La expresión "alas capacidades" se suele emplear como sinónimo de superdotación y talento, pero lo cierto es que es un término mucho más amplio. La Real
Academia de la Lengua Española define capacidad como «la aptitud, el
talento o la cualidad que dispone a alguien para el buen ejercicio de algo».
En particular, y trasladado al entorno escolar, sería «la aptitud para realizar
adecuadamente una determinada tarea».
La atención a los
alumnos con altas capacidades dentro de las aulas inclusivas tiene sentido
siempre que quede claro que el potencial humano es gradual, no es un parámetro
digital de dos estados antagónicos (alto-bajo, ser-no ser).
Por eso, es conveniente utilizar un concepto lo más
amplio posible, del que se
beneficien cuantos más alumnos mejor y que reduzca al mínimo el riesgo
de dejar sin atender a casos reales de altas capacidades no identificados
(falsos negativos).
Los alumnos con altas
capacidades serían, según este criterio, aquellos que tienen unas aptitudes
potenciales o que muestran unas destrezas generales o específicas a un
nivel superior a la media, al menos en dos dominios del conocimiento humano.
Esto quiere decir, cuando hablamos de niños o jóvenes en edad de
escolarización obligatoria, que son alumnos con un potencial o un rendimiento
superior a lo esperado para la población de su edad.
Las aptitudes
necesarias tanto para el estudio académico como para el trabajo escolar, y
posteriormente también para el desarrollo de cada proyecto personal de vida,
son muy variadas, pero hay cierto acuerdo entre los especialistas en señalar
cuáles son las imprescindibles. Así, se reconocen como aptitudes principales:
- El
razonamiento lógico, tanto
inductivo como deductivo, y el análisis y la síntesis de información.
- La
aptitud numérica, como capacidad
para procesar información cuya simbología sean las cifras y su representación
matemática.
- La
aptitud espacial, como capacidad
para establecer relaciones mentales con figuras en dos o más dimensiones.
- Las
aptitudes lingüísticas, tanto
expresión oral como escrita, y comprensión lectora.
- Las
aptitudes musicales, que
permiten el procesamiento de información de sonidos no relacionados con el
ámbito lingüístico.
- Las
aptitudes kinestésicas, que
permiten el control y dominio de las partes del cuerpo, y en las que se
incluyen capacidades psicomotoras gruesas, finas y grafomotrices, destreza
manual y coordinación visocorporal.
- Las
habilidades sociales, que
permiten establecer relaciones inteligentes de cada individuo con otras
personas, mediante el conocimiento, control y gestión de las emociones de los
demás.
- Las
aptitudes intrapersonales, que
permiten el control y gestión de las propias emociones para tomar decisiones
adecuadas.
- La
gestión de la memoria, que
permite la utilización de la información de forma eficaz y eficiente
- La
atención, que permite la
concentración en tareas de cierta complejidad
- La
gestión perceptiva, fundamental
en tareas escolares como la lectura y escritura, o la expresión artística.
- La
creatividad, como conjunto de
aptitudes para generar ideas nuevas que nadie había pensado antes. Entre ellas
se encuentran la flexibilidad mental, la fluidez, la originalidad, la
elaboración, la redefinición, la inventiva o la sensibilidad social ante los
problemas actuales o futuros de la población.
Los niños y
jóvenes con altas capacidades intelectuales son talentos potenciales, muy
distintos unos de otros, que forman en su conjunto un grupo muy heterogéneo que
debería aportar una enorme riqueza al entorno educativo y a la sociedad.
Muchas de las
aptitudes que Howard Gardner señala como inteligencias (musical, kinestésica,
naturalista, intrapersonal e interpersonal) son difíciles, por no decir
imposibles, de valorar con pruebas psicométricas tradicionales, y en la
actualidad no existen tests baremados que las midan. De hecho, Gardner es más
partidario de evaluar las mismas mediante la observación de las conductas de
los alumnos.

Cuando se
piensa en alumnos con altas capacidades casi siempre viene a la mente como
primera imagen a niños pequeños que realizan tareas propias de niños más
mayores, incluso con gran virtuosismo. Si bien es cierto que la precocidad es
un indicativo de alta capacidad en los niños más pequeños (al menos durante esa
etapa), hay que tener presente que no siempre se exhibe de una forma clara, ni
todos los niños han estado expuestos a las mismas fuentes de información. Es
frecuente que niños con alto potencial intelectual no hayan tenido acceso a
contenidos curriculares con antelación. Hay áreas o asignaturas, como las
matemáticas, con las que los alumnos toman por primera vez contacto en las escuelas.
Sin embargo, pronto muestran su potencial, con un aprendizaje rápido de los
procedimientos y una facilidad mayor de lo habitual para relacionar datos o
resolver problemas.
Todos los alumnos con altas capacidades tienen necesidades educativas
específicas, en mayor o menor medida. Pero no hay
que perder nunca la perspectiva de que estas necesidades son graduales. No son
las mismas en todos los casos, ni por el tipo de perfil cognitivo, ni por el
grado de excepcionalidad que el alumno presente.
Se podría
pensar que unos niños o jóvenes que tienen potencial para rendir por encima de
la media no pueden fracasar escolarmente. Pero esto no es así. En muchas
ocasiones se achaca como causa del bajo rendimiento escolar el aburrimiento al
que se ven sometidos en clase. Pero los alumnos con altas capacidades se pueden
aburrir soberanamente en clase y, sin embargo, obtener unos magníficos
resultados escolares. Necesariamente habrá que pensar que, en el fondo, hay una
situación personal más compleja en la que confluyen múltiples causas.
Fuente: ISEP Juan Carlos López Garzón - Módulo altas capacidades